Noviembre es una época entrañable en la que las campanas de las iglesias se mezclan con las risas de los niños disfrazados, las flores cubren los cementerios y las luces de las calabazas parpadean en las ventanas de las casas medievales. El Día de Todos los Santos y Halloween se entrelazan, y el país se convierte en un escenario donde la tradición y el misterio caminan de la mano. Me gusta recorrer las calles empedradas, escuchar las leyendas que cobran vida al anochecer y descubrir cómo cada rincón del patrimonio belga guarda una historia que conecta el pasado con nuestras emociones más presentes.
Cada 1 de noviembre en Flandes el Día de Todos los Santos se vive como un día de memoria en el que muchas familias visitan los cementerios, ponen flores y encienden velas en las tumbas de sus seres queridos.
Aunque existe un cambio en las costumbres de las nuevas generaciones, lo esencial permanece. Se mantiene el respeto por los que ya no están, el vínculo entre pasado y presente, y una tradición compartida. En ese sentido, Flandes apuesta por conservar ese patrimonio intangible que habla de vínculo, de memoria, de ritual colectivo.
Día de Todos los Santos, algo de historia
Los orígenes de esta festividad se sitúan en el año 609, cuando el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón de Roma a “María y todos los mártires”.
Más tarde, los papas Gregorio III y Gregorio IV extendieron la celebración al 1 de noviembre en el año 835.
Tradiciones
Es costumbre que en Flandes, tal y como sucede en otros muchos lugares, en los días previos a esta festividad se limpien y adornen las tumbas de los seres queridos, pues el día de Todos los Santos las familias suelen visitar los cementerios. Todo se llena de flores y de velas.
No hay más que darse un paseo por cementerios como el de Evere en Bruselas o el Campo Santo en Gante para poder ver el los solemnes ramos de flores y coronas que inundan todo con sus colores.
Algunos lugares para visitar
El Parque Nacional Hoge Kempen en Limburgo resulta ideal para pasear en estas fechas en las que el otoño tiñe todo con sus naranjas y marrones. Los guardas colocan paneles con poemas sobre la pérdida.
La Cripta de la Basílica de la Santa Sangre en Brujas que normalmente está cerrada y suele abrir en estas fechas, en un entorno iluminado y acompañado de cantos gregorianos.
También puedes dar una vuelta por los distintos puestos de flores que cobran relevancia en estas fechas.
Halloween, nuevas costumbres y algo de historia
Al mismo tiempo, la celebración de Halloween ha crecido en Flandes, sobre todo entre la gente joven que busca mezclar el respeto y la tradición familiar, con la creatividad y la fiesta.
Al parecer Halloween tiene su origen en una fiesta pagana que celebraban los celtas que habitaban en Bélgica. Esta fiesta llamada “Samhain” tenía lugar el 31 de octubre y marcaba el inicio del invierno y el final de la cosecha. Tal y como se contempla en diferentes culturas de otros países como Méjico, pensaban que ese día se abría “un puente” entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos por lo que se ponían máscaras y disfraces para ahuyentar a los espíritus.
Diferentes celebraciones paganas influenciaron a otras celebraciones que provienen del cristianismo, como en el caso de la víspera de Todos los Santos. Esta fecha tímidamente se fue colando en nuestras costumbres y transformando en el actual Halloween, que especialmente en los últimos años, con la influencia de países como Estados Unidos, ha irrumpido en los jóvenes y en los niños con una fuerza arrolladora.
Celebraciones
Los niños se disfrazan y van de puerta en puerta pidiendo caramelos.
También se organizan concursos de disfraces en colegios, barrios y asociaciones, concursos de tallado de calabazas, decoración de escobas de brujas o cualquier variedad que tenga que ver con Halloween.
Se decoran los escaparates de las tiendas, las casas, los jardines… con brujas, gatos negros, tumbas, esqueletos, fantasmas y todo tipo de elementos terroríficos.
En Halloween, hay barrios donde los disfraces, las rutas temáticas y las decoraciones se han vuelto parte de la cultura local.
Desde la perspectiva de los jóvenes se convierte en una ocasión para salir con amigos, crear looks y divertirse.
Para los golosos
La comida es un elemento importante del Halloween belga. Te puedes encontrar galletas de jengibre, chocolates o gofres con formas acordes a temáticas propias de estas fechas y vino caliente con especias.
También son populares las sopas y guisos de calabaza.
Curiosidades de Halloween en Flandes
En algunas zonas todavía se usan nabos o remolachas, en vez de la típica calabaza, recordando antiguas tradiciones.
En ciudades históricas como Brujas o Gante, los tours de fantasmas son muy populares. En un ambiente entre terror y misterio puedes recorrer sus calles medievales mientras los guías te van contando escalofriantes historias de apariciones, antiguos crímenes y secretos ocultos entre las sombras, haciendo de esta experiencia una forma única y emocionante de descubrir el lado más enigmático de Bélgica.
Encontramos aquí algunas de las historias de fantasmas más antiguas de Europa relacionadas con castillos medievales.
En muchos lugares se celebran mercados con productos de temporada, vino caliente y dulces de Halloween.
Todos estos eventos no eliminan el Día de Todos los Santos, sino que lo complementan y han aprendido a convivir en armonía.
¿Cómo se conectan ambas tradiciones?
– La víspera del Día de Todos los Santos (el 31 de octubre) es el momento en que Halloween toma territorio: disfraces, luces, ambientación.
– El día 1 de noviembre aún se reserva a la tradición: visitas al cementerio, recogida de flores, momentos de silencio.
–Entre ambos días se produce un puente cultural y justamente ahí radica el valor patrimonial de estas fechas en Flandes, la convivencia de lo serio y lo divertido, lo tradicional y lo nuevo.
Al llegar el final de estas celebraciones, siempre siento que noviembre aquí en Flandes tiene algo mágico, una mezcla perfecta entre recogimiento y misterio. Mientras recorro los cementerios llenos de flores o me dejo llevar por la energía de Halloween, me hago consciente de que el patrimonio también se encuentra en las tradiciones que seguimos viviendo y transmitiendo. Cada vela encendida, cada historia de fantasmas y cada gesto de recuerdo me hacen pensar que, en el fondo, todas estas costumbres nos unen a quienes vinieron antes y nos enseñan a mirar el presente con más emoción y respeto.



