¡Hola mis queridísimos lectores y lectoras!
A veces, cuando llevas un tiempo viviendo en Flandes, necesitas un día tranquilo, lejos del ruido de la ciudad y de las bicis que casi te atropellan 😅.
Y el otro día descubrí el plan perfecto para esto: una visita al Museo Dhondt-Dhaenens, en Deurle, un pueblito rodeado de naturaleza que parece sacado de una postal flamenca. Es un refugio de paz y tranquilidad, pero que, a su vez, también os permitirá estimular vuestro lado más artístico.
Cómo llegar
Si vais con energía (y piernas fuertes), podéis hacer los 12 km en bici desde Gante. Hay carril bici por todo el camino, y es una ruta muy agradable, llena de campos, casitas y aire limpio.
Yo, sinceramente, no estaba para tanto trote, así que opté por ir en bus (líneas 77 o 78), que en una media hora, saliendo desde Gante, te dejan en el pueblo.
Desde ahí hay que andar solo unos 20 minutos hasta el museo, por calles tranquilas, con árboles que engullen el camino y un silencio que, os lo juro, suena mejor que cualquier playlist de concentración.
El museo: de fuera a dentro, una estética que transmite calma
El museo Dhont-Dhaenens es uno de esos lugares que no rompe con todo lo que se encuentra a su alrededor, sino que más bien, se adapta. Obviamente, su arquitectura es mucho más elegante y moderna que lo que lo rodea, pero al mismo tiempo, no sigue pretensiones exageradas, manteniendo un perfil bajo y limpio, donde el blanco del museo, se combina con el verde del paisaje. A mí, me pareció onírico, como si entrase de repente en un sueño.
En el jardín del museo (que es enorme), pueden encontrarse ya las primeras obras del mismo. La primera en llamar mi atención fue una especie de columpio infantil junto a un gran poste amarillo, que formaba parte de una obra del artista británico Gary Hume, llamada Peace Park, con la que, en palabras del artista, busca que todos los niños que visiten algún día el museo, jueguen en el columpio mientras piensan en como evitar las tragedias que otros miles de niños viven cada día.
La segunda, entre muchas de las otras piezas arquitectónicas que llamaron mi atención, fue una casa negra o la Wunderkammer Residence, una antigua villa remodelada y recubierta de goma de este mismo color, como parte del proyecto de Hans Op de Beeck, cuyo interior consiste en una biblioteca monocromática en escala de grises (en otras palabras, absolutamente todo lo que hay dentro; desde suelo, estanterías o muebles es negro, gris o blanco).
En cierta forma, lo sentí como la contraparte del museo, su lado más sombrío y el recuerdo de que hasta los mejores sueños, siempre pueden dar lugar a las pesadillas.
Por dentro: George Minne y Libasse Ka
Nada más entrar, el museo se divide en dos partes. A la izquierda hay una sala mediana, sencilla y tranquila, conectada a 2 pasillos largos con luz cálida y un ambiente casi íntimo. A la derecha, en cambio, está la sala principal, mucho más amplia, blanca, cúbica y con una enorme cristalera justo en el centro, que deja entrar la luz natural.
The Lost Son — George Minne
En la primera sala estaba “The Lost Son” (o De Verloren Zoon), del escultor belga George Minne, una exposición temporal que estará disponible hasta diciembre de 2025.
Sus esculturas, pequeñas y humanas, transmiten una sensación de pérdida, duelo y soledad. Las posturas, las manos, las expresiones… todo parece estar cargado de un dolor silencioso.
La serie representa la historia bíblica del hijo pródigo, pero Minne no se centra en la alegría del reencuentro, sino en el peso de la marcha y la tristeza del vacío. Y cuando descubres que los fundadores del museo, Jules Dhondt e Irma Dhaenens, perdieron a su único hijo poco antes de que Minne mostrara esta obra, todo cobra un sentido mucho más profundo.
Cada escultura se siente como un homenaje íntimo, una forma de recordar a los que ya no están. Es imposible no emocionarse.
Notes on Shape Shifting — Libasse Ka
En la sala principal, el ambiente cambia por completo. Allí está la exposición “Notes on Shape Shifting” del artista belga-senegalés Libasse Ka, y de verdad: fue una de las más interesantes que he visto en mucho tiempo.
En una sala contigua, hay un vídeo con una entrevista al propio Ka, donde explica su técnica y su forma de entender el arte. Cuenta, por ejemplo, que a veces le quita la brocha al pincel y pinta solo con el palo, o que usa reglas, espátulas y hasta raquetas para lograr texturas y formas distintas. Lo hace para escapar de lo que él llama “la cárcel del pincel”, esa sensación de que una herramienta limita la creatividad. Por eso, para crear, combina técnicas de action painting y gestural painting, dejando que su propio cuerpo se mueva con los trazos, como si cada obra fuera un reflejo de su energía y libertad creativa.
Sus obras son abstractas pero muy expresivas: llenas de movimiento, de color y de energía. A primera vista parecen caóticas, pero si las miras con calma, empiezas a distinguir formas, siluetas, rostros que parecen estar en constante transformación. Todas sus obras transmiten sensación de movimiento, cambio y transformación constante, y eso lo convierte en una experiencia hipnótica y envolvente. Sin duda, una de las salas más memorables del museo.
El final de la visita
Salir del Museo Dhondt-Dhaenens fue como volver poco a poco a la realidad. Es un sitio pequeño, pero tiene algo muy especial. No te abruma, sino que te invita a observar despacio y a pensar. No destaca por la cantidad de obras que tiene expuestas en su interior, sino por la CALIDAD de las mismas.
Si estás en Gante o cerca y necesitas un plan tranquilo, este museo merece totalmente la pena. Y ya que estás por la zona, puedes aprovechar para visitar el castillo de Ooidonk, que está muy cerca y parece sacado de un cuento… pero eso os lo cuento en otro post 😉
PD: Dentro del propio museo, ofrecen la posibilidad de poder comprar refrescos y bebidas para que te acompañen durante tu visita. ¡Y a muy buenos precios!
Hasta aquí el blog de hoy,
Nos vemos pronto.
Irati
¡Hola! 😀
Soy Irati Arce de Muguerza, tengo 23 años y soy de Bilbao. Estudio Medicina en la Universidad del País Vasco y este año voy a vivir una experiencia que me hace muchísima ilusión: empiezo mi Erasmus en Gante.
Además, seré corresponsal Erasmus de arte en Flandes, y me encanta la idea de poder compartir todo lo que vaya descubriendo. Quiero explorar esta región con la curiosidad e ilusión de quien lo ve todo por primera vez, pero también con las ganas de entenderla a fondo, como lo haría alguien que lleva viviendo aquí años.
Desde museos y arte urbano hasta pequeños detalles del día a día, espero poder transmitir la esencia de Flandes con las mismas ganas con las que yo la voy conociendo.
Hasta pronto y gracias por leerme:)







