Hay lugares que impresionan no por lo que tienen, sino por lo que les falta. Ayer visité Doel, un pequeño pueblo al norte de Bélgica conocido por estar casi completamente abandonado.
Un poco de historia
Doel está situado junto al río Scheldt, a unos 30 minutos en coche de Amberes. Durante siglos fue un pueblo agrícola, rodeado de diques y campos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII, y llegó a tener más de mil habitantes.
En los años 70, el gobierno flamenco empezó a plantear la expansión del puerto de Amberes hacia esa zona. La idea era transformar el entorno rural en un área industrial portuaria, y para eso el pueblo tenía que desaparecer.
Poco después se construyó también la central nuclear de Doel, cuyas torres todavía se ven desde cualquier punto del pueblo. Aunque no fue la causa directa del abandono, reforzó la percepción de que Doel ya no era un lugar pensado para vivir, sino para ser funcional dentro de un nuevo paisaje industrial.
Aunque el proyecto nunca se materializó del todo, comenzaron las expropiaciones y se fueron retirando servicios básicos. Las familias empezaron a irse, las tiendas cerraron, y poco a poco Doel quedó vacío. Durante años hubo protestas, ocupaciones simbólicas, debates y decisiones que iban y venían, pero el proceso de despoblación no se detuvo.
Hoy solo quedan unas pocas casas habitadas, y lo que más llama la atención son las fachadas cubiertas de grafitis. Están por todas partes: algunos están llenos de detalle y muy pensados, y otros son más improvisados. Pero todos, de alguna forma, hablan de lo que pasó aquí. También hay murales firmados por artistas urbanos conocidos, como ROA, que convirtieron Doel en una especie de museo de arte callejero al aire libre.
Mi visita
Yo fui en coche desde Amberes, no hay transporte público directo, y llegamos en unos 30 minutos. Se aparca fácilmente y, en cuanto entras en el pueblo, sientes que estás en un sitio distinto. Estuvimos unos 45 minutos recorriéndolo entero. Es pequeño, silencioso, y había apenas unos pocos turistas más. No más de cinco casas seguían habitadas.
No se puede entrar en los edificios, están cerrados o tapiados, pero eso también forma parte del ambiente. No es un sitio bonito en el sentido clásico, pero sí muy interesante. Si estás por Amberes o cerca, y te apetece algo diferente, creo que Doel merece una visita.
¡Nos vemos en el próximo post!
Sofía

¡Hola! Soy Sofía Lahuerta, tengo 21 años y estudio Ingeniería de Diseño Industrial en Valladolid. Hice mi Erasmus en Amberes durante el primer cuatrimestre y me gustó tanto que este verano he decidido volver, esta vez como corresponsal. Esta vez, sin clases ni horarios, con ganas de seguir descubriendo y compartiendo. Desde arte y patrimonio hasta festivales, naturaleza o productos belgas… os contaré todo lo que esta región tiene por ofrecer. ¡Nos vemos por aquí!


