Hola lectores! Hoy quiero hablaros de Ostende. Sé que normalmente mis posts sobre naturaleza suelen llevarnos por senderos entre bosques frondosos, parques urbanos o reservas llenas de vida silvestre. Aunque así es Bélgica: un país pequeño, sí, pero con una sorprendente diversidad de paisajes.
Entre tanto verde, también hay espacio para el azul del mar y el sonido del oleaje. Porque la naturaleza belga no se limita a lo forestal: también se extiende hacia el norte, donde el viento salado del mar del Norte acaricia la costa. Y hoy quiero llevarte allí, a un rincón muy especial: la playa de Ostende.
Primera impresión: una playa amplia, ventosa y viva
Llegar a Ostende desde Bruselas es sencillo: en apenas 1h15min en tren estás ya oliendo el salitre y sintiendo la brisa marina. (Te dejo aquí la web de trenes para que le eches un vistazo a los horarios).
Al salir de la estación, basta con caminar unos minutos para encontrarte de frente con el mar. Y no cualquier mar: el mar del Norte, grisáceo y poderoso, con un oleaje constante y ese viento característico que te despeina pero también te libera.
Lo primero que sorprende es lo extensa que es la playa. La arena es fina y clara, y aunque el agua puede parecer fría (especialmente para quienes podéis venir de otras costas más templadas), está a muy buena temperatura (puede que ser gallega y estar acostumbrada al Atlántico ayude jeje).
Biología en plena playa
En mi última visita a Ostende lo que más me impactó fue la cantidad impresionante de medusas que encontré esparcidas por toda la playa. Parecía una invasión marina, pero en realidad es un fenómeno bastante común y muy interesante desde el punto de vista biológico. Las costas del mar del Norte son el hogar de varias especies de medusas, y Ostende, con su amplia playa y su proximidad a aguas poco profundas, es un lugar donde suelen acumularse. Estas apariciones masivas pueden deberse a varios factores:
Aumento de la temperatura del agua: los veranos más cálidos favorecen la reproducción de las medusas.
Falta de depredadores: como las tortugas marinas, que no son comunes en esta zona.
Cambios en las corrientes marinas: que arrastran bancos de medusas hasta la orilla.
Estar lejos de casa no siempre es fácil. Hay días en los que algo dentro se encoge, como si faltara una parte de ti. Para mí, esa parte es el mar. Soy gallega, nací con el Atlántico al lado y crecí con el sonido de las olas de fondo. Lo llevamos dentro. Aquí en Bélgica, rodeada de bosques, campos y ciudades, echaba muchísimo de menos la costa.
Ir a Ostende fue, de alguna forma, reencontrarme con eso. No es el mismo mar, no es la misma playa de siempre, pero había algo familiar. Me senté frente al mar del Norte y, por un momento, cerré los ojos y aunque estaba a cientos de kilómetros de Galicia, sentí que me acercaba un poquito a casa. Como si el mar, de alguna manera, nos conectara a todos los que lo amamos, sin importar en qué orilla estemos.
Hola! Soy Sofía Acuña Rodríguez. Tengo 21 años y estudio Biología en Santiago de Compostela. Estoy este curso de erasmus en Bruselas y durante el segundo cuatrimestre del curso 2024-2025 seré la nueva corresponsal de Naturaleza y Ciclismo. Espero poder transmitiros las cosas tan bonitas que Flandes tiene por enseñar. Nos vemos!


