Paseando con Magritte

Seguir los pasos de Magritte por Bruselas no es difícil. El año pasado se cumplieron cincuenta años de su muerte y Bruselas se llenó de carteles, exposiciones y tours que buscaban, en el centro histórico, las huellas del autor. Hoy os proponemos una alternativa breve, pero representativa, del Bruselas de Magritte.

René ingresó pronto en la Academia Real de bellas Artes de Bruselas (fundada en 1711). La escuela, emplazado en el 144 de la Rue du Midi, es una de las más importantes de Europa; Magritte apenas duró un año en ella. Se dice que acostumbraba a pasear por los canalones del edificio, espiando el interior de las clases, o pasear  por los pasillos con metros de salchichas colgando; se hablaba de sus excentricidades dentro y fuera de la universidad, también entre los docentes. En cualquier caso, el servicio militar obligatorio le hizo recular en sus estudios y comenzar a trabajar como diseñador en una fábrica de papel. Después de esto conoció a otros artistas belgas, viajó a París y, progresivamente, acabó desarrollando el estilo tan particular por el que hoy se le destaca.

En cualquier caso, con Magritte no se puede subrayar antes la facultad que los bares. El pintor y poeta era un asiduo de algunas de las cafeterías más conocidas y queridas por los bruselenses. No es extraño entrar en un estaminet (un tipo de local típico de Bélgica y el norte de Francia asociada a la bebida y el tabaco, patrimonio cultural de los países del norte de Europa) y encontrar su foto en la pared, junto a Georgette y otros amigos. Uno de los más destacados es Le Cirio, una brasserie paralela a la Grand Place fundada por un italiano (Cirio) a principios del XX. Las últimas reformas de la cafetería, un establecimiento muy luminoso en madera, recuerdan al grupo de surrealistas belgas, que solía organizar debates en sus mesas, así como a hitos del deporte patrios o a la Expo del 58. Aunque merece la pena sentarse y tomar un café, si se pide con amabilidad los camareros suelen dejar pasar a los turistas a ver el local, sin obligarles a consumir nada.

La última parada pasa por el local colindante, una tienda de música antaño tienda de instrumentos: un local al que Magritte solía llegar paseando desde su casa en Jette. Muchos de los discos que se encontraron en su casa provenían de esa tienda: el autor era un gran aficionado a la música.

De Magritte se crearon muchos personajes y, en consecuencia, muchas Bruselas diferentes. Esta es solo una pequeña muestra de todo lo que el artista y su familia rozaron en la ciudad, hace ahora casi un siglo.

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