Buenos días, Bruselas.

Publicado en el blog de Lovaina por

¡Por fin! Ha empezado la aventura. No se puede negar lo fácil que es moverse por Europa, y llegar a Bélgica ha sido casi un paseo.

Llegada

Los sentimientos son muy variados: tristeza por lo que dejamos temporalmente, la nostalgia de no oír el ruido habitual de casa, no salir con tus amigos de siempre. No obstante, aparecen también nuevas sensaciones, lo primero, ilusión, una gran ilusión por lo que empieza, unida a una expectación enorme, por que creo que nunca sabes realmente lo que te puede deparar un cambio tan importante.

Los primeros días dejan anécdotas como el idioma, no es precisamente fácil acertar sabiendo que cualquiera puede hablarte en flamenco, francés, y por supuesto inglés, por ello, las primeras conversaciones tienen una mezcla de todo, que inevitablemente te hacen reír y pensar que no te va a entender nadie.

Llegar a Bruselas, desembarcar en Brussels Centraal (tras un breve viaje en tren por 8.50€) arrastrando dos grandes maletas y llegar a la Grand-Place es algo muy especial, justamente porque no lo ves con ojos de turista, con el imperativo de la urgencia de tomar las fotos necesarias para mantener una imagen de los lugares y salir corriendo, sino con la paciencia de quién sabe que ha empezado un viaje, un viaje largo pero a la vez vertiginoso, que nos moverá por estos caminos muy a menudo, para poder saborearlos, disfrutarlos, conocer la auténtica Flandes, no la visita de tres días.

Sint-Katelinje

Más allá de todo este cóctel interior, como ya decía, llegar al destino es apto para cualquiera, por muy torpe que seas, el lenguaje no es barrera y las indicaciones suelen ser claras, además de encontrar simpáticas y contundentes azafatas que te indican cuál es el mejor ticket que puedes sacar. La única pega es que el aeropuerto de Zaventem es algo desorganizado, se llegan mezclar flujos de llegadas y salidas y no es tan directo alcanzar tu equipaje, pero nada que no pueda arreglar unos ojos atentos a la señalización o un par de preguntas.

En resumen, un primer día muy ilusionante, imborrable, y no solo para empezar este tránsito por Flandes, sino también por este blog, para poder compartir con todo aquel que le interesen mis desastres y mis descubrimientos. Así que, gracias a todos de antemano por leerme, ¡y espero vuestros consejos y comentarios!

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¡Por fin! Ha empezado la aventura. No se puede negar lo fácil que es moverse por Europa, y llegar a Bélgica ha sido casi un paseo.

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Los sentimientos son muy variados: tristeza por lo que dejamos temporalmente, la nostalgia de no oír el ruido habitual de casa, no salir con tus amigos de siempre. No obstante, aparecen también nuevas sensaciones, lo primero, ilusión, una gran ilusión por lo que empieza, unida a una expectación enorme, por que creo que nunca sabes realmente lo que te puede deparar un cambio tan importante.

Los primeros días dejan anécdotas como el idioma, no es precisamente fácil acertar sabiendo que cualquiera puede hablarte en flamenco, francés, y por supuesto inglés, por ello, las primeras conversaciones tienen una mezcla de todo, que inevitablemente te hacen reír y pensar que no te va a entender nadie.

Llegar a Bruselas, desembarcar en Brussels Centraal (tras un breve viaje en tren por 8.50€) arrastrando dos grandes maletas y llegar a la Grand-Place es algo muy especial, justamente porque no lo ves con ojos de turista, con el imperativo de la urgencia de tomar las fotos necesarias para mantener una imagen de los lugares y salir corriendo, sino con la paciencia de quién sabe que ha empezado un viaje, un viaje largo pero a la vez vertiginoso, que nos moverá por estos caminos muy a menudo, para poder saborearlos, disfrutarlos, conocer la auténtica Flandes, no la visita de tres días.

Sint-Katelinje

Más allá de todo este cóctel interior, como ya decía, llegar al destino es apto para cualquiera, por muy torpe que seas, el lenguaje no es barrera y las indicaciones suelen ser claras, además de encontrar simpáticas y contundentes azafatas que te indican cuál es el mejor ticket que puedes sacar. La única pega es que el aeropuerto de Zaventem es algo desorganizado, se llegan mezclar flujos de llegadas y salidas y no es tan directo alcanzar tu equipaje, pero nada que no pueda arreglar unos ojos atentos a la señalización o un par de preguntas.

En resumen, un primer día muy ilusionante, imborrable, y no solo para empezar este tránsito por Flandes, sino también por este blog, para poder compartir con todo aquel que le interesen mis desastres y mis descubrimientos. Así que, gracias a todos de antemano por leerme, ¡y espero vuestros consejos y comentarios!

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