Un día en Gante

Aprovechando el soleado día de domingo del que pudimos disfrutar ayer en Flandes, nada mejor que ir a conocer la ciudad belga que probablemente mejores críticas reciba de los turistas: Gante. Gante está situada a sólo 80 kilómetros de Lovaina, algo menos de una hora en tren desde la estación central hasta Gent St. Pieters. Desde ahí, en apenas 15 minutos de tranvía (línea 1 hasta la parada Gravensteen) llegamos al centro histórico de la ciudad. Nada más bajarnos del tranvía nos encontramos de frente con el Castillo de los Condes y, en la misma Sint Veerleplein, se divisa fácilmente la oficina de información turística donde nos abastecimos de unos planos de la ciudad que incluyen una serie de rutas alternativas que se adaptan al tiempo y a las necesidades del turista. En vista de que nuestra intención era ir y volver en el día y que queríamos detenernos a contemplar muchos de los monumentos y hacer un pequeño picnic a orillas del canal, nosotros hicimos una ruta circular que se tarda en recorrer unos 45 o 50 minutos y que te permite conocer las principales atracciones turísticas de la ciudad.

Empezamos nuestra excursión haciendo una parada en el Castillo de los Condes, el cual fue construido para dar cobijo a los Condes de Flandes pero pronto se convirtió en una cárcel y después acogería también diversos tribunales de guerra. Dentro del castillo se pueden observar numerosos instrumentos de tortura que otrora fueron utilizados en el interior de esas cuatro paredes; también, a través de unas trampillas, se pueden contemplar los calabozos donde se encerraba a los prisioneros de guerra hasta que éstos perecían debido a las bajas temperaturas y a las condiciones de vida infrahumanas a las que eran sometidos. Además de esto, son muy recomendables las vistas que se pueden observar desde lo alto del castillo y que podréis ver en el vídeo que os enseño al final de la entrada de hoy. La entrada de 4 euros (tarifa a pagar por los que tenemos una edad comprendida entre 19 y 26 años) quedó más que amortizada.

De ahí fuimos a disfrutar in situ de una de las postales más típicas de Gante: la de las calles Graslei y Koornlei, situadas de un lado y de otro del río Lys que reflejaba en él la figura de los elegantes edificios de los gremios. Éstos fueron construidos entre el siglo XII y XVII -época en la que Gante llegó a ser la principal ciudad comercial europea- y eran auténticos centros de operaciones que bien podían servir como almacenes y graneros donde se guardaban los bienes hasta el momento en que fueran vendidos o como fábricas de productos textiles.

A continuación, nos acercamos a ver el peculiar skyline de Gante, formado por el “Belfort” que pasa por ser el campanario más alto del mundo (a 91 metros de altura), la Iglesia de San Nicolás y el campanario de la Catedral de San Bavón. Edificios todos ellos construidos alrededor de los siglos XIII y XIV y situados a escasa distancia los unos de los otros.

Nuestra visita a Gante terminó con una incursión en la Vrijdagmarkt en la que no pudimos ver la estatua de Jacob Van Artevelde que se encuentra en mitad de la plaza pero que estos días aparece totalmente rodeada por un andamio gris. Por ello no os contaré la historia de este personaje central en la vida de Gante… pero para calmar vuestra insaciable curiosidad me remitiré a lo dicho por mi compañera Cristina en este mismo foro unos meses atrás. 

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