Un domingo en Amberes

1830, año en que comienza la historia como territorio independiente de la capital mundial de los diamantes que se presenta al resto del mundo como el ombligo de Bélgica. En Amberes sus habitantes dicen que en Bélgica esta Amberes y luego todo lo demás, a lo que consideran aparcamiento. Y no solo eso, además afirman que lo único bueno del resto de regiones belgas es que cuentan con estación desde donde coger un tren a Amberes. Así de orgullosa se siente la población de esta privilegiada ciudad.

Bajo la influencia del rey de España (además de haber estado bajo la de austriacos, franceses, italianos…), los amberinos, mayormente protestantes, fueron obligados a convertirse al catolicismo, siendo la opción alternativa, abandonar su tierra. Casi 2 tercios de la población de Amberes abandonó la ciudad y se trasladó a Ámsterdam, por razones culturales y sobre todo porque hablaban el mismo idioma.

Las estatuas de Madonna que inundan la ciudad se encuentran en cada esquina de cada calle por las que se puede pasear, y sorprenden por su belleza y por lo inesperadas que son si es la primera vez que visitas Amberes. En total en la ciudad podemos encontrar más de 160. Así que si tiene tiempo y ganas, hacer una colección fotográfica de todas ellas, aunque pueda llevar tiempo, puede ser una experiencia única.

Otro de los elementos más observables por las calles de esta ciudad es la típica “A” brillante y reluciente de “Amberes”. Y por último la figura masculina. Esta última tiene la que es probablemente su más famosa representación en el centro de la plaza Grote Markt. La escultura, que es una fuente en medio de este amplio espacio, cuenta la leyenda del gigante Antigoon, una figura mitológica que en época romana tenia atemorizado al pueblo de Amberes pues estos debían pagarle un impuesto para atravesar el río para salir de la ciudad. Si no lo hacían, este les cortaba la mano y la tiraba al río Escalda. Pero hubo un soldado, Silvius Brabo, representado en lo alto de esta fuente, que decidió que esta tiranía del gigante debía terminar y le cortó él mismo la mano a la bestia y la tiró al río. Es precisamente esta escena la que encarna esta escultura. La idea detrás de esta historia es que desde ese día el río es “libre”. De hecho, los habitantes de Amberes no llaman a su ciudad “Antwerp” sino “Antwerpen”, porque “ant” quiere decir “mano” y “werpen” “echar”, así que la traducción literal del nombre de la ciudad seria “lanzamiento de mano”. Pero por supuesto esto son historias para niños.

Así que, si queréis descubrir todas las leyendas que construyeron esta ciudad, en la que fue producido el primer periódico impreso, escoged un día en el que no llueva demasiado y dejaros encandilar por los mil rincones que esconde.

Aquí os dejo algunos de ellos

¡Nos vemos y nos leemos!

 

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