Max, donde nació el gofre bruselense

Gante es una ciudad para comérsela, de eso pocas dudas nos quedan: tazas de chocolate caliente que consiguen alegrarte el día desde el primer sorbo, el sabroso y sobre todo sano Waterzooi , patatas fritas con años de tradición perfectas para acompañar cualquier momento con amigos y, por supuesto, buenas cervezas. Hoy hemos decidido acercarnos hasta el Max para probar los posiblemente mejores gofres de Gante y Bélgica.

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Si por algo destaca esta cafetería en el número 3 de Goudenleeuwplein es por su experiencia en el mundo de los gofres. Tanto es así que Max, hace casi dos siglos inventó uno de los gofres más populares actualmente en toda Bélgica: el gofre bruselense. Sí, sé que muchos de vosotros estaréis pensando por qué el gofre bruselense recibe ese nombre si fue creado en Gante. La respuesta es fácil, en tiempos donde Gante era un conglomerado de francófonos y flamencos, llamarlo de esta manera era una forma de conciliar ambos idiomas, al fin y al cabo, ¿qué ciudad conocéis más plurilingüe que Bruselas?

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¿Quién puede pensar que de harina, sal, azúcar, leche, huevos y mantequilla puede nacer una verdadera exquisitez? Max conserva la receta original, crujiente por fuera, sabroso por dentro, y con una base que no falla, azúcar glaseada. A partir de ahí, una variedad de complementos le darán el toque final al rectángulo más famoso de 20 cuadraditos: bolas de helado de vainilla, chocolate fundido, fresas, plátano, licor, aguacate…

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Aunque si algo tiene el famoso Max es historia, historia por ser el primer establecimiento de este tipo en todo Gante, por inventar el gofre bruselense y los buñuelos de manzana y por tener tras sus muros seis generaciones de expertos en la masa. Max y su familia comenzaron como itinerantes en las ferias de Lieja, Utrecht, Amberes para años después, allá por el 1839, abrir su primer local en la ciudad, destinado a deleitar a ganteses y foráneos, algo que hoy en día continúan logrando.

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Con una decoración que refleja a la perfección el paso de los años, comer un gofre en alguna de sus mesas es lo más parecido a remontarse a los años 20 y sentirse como un burgués en Gante. Cada plato cuidado al detalle como antaño, con un servicio excelente y un ambiente inigualable.

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Los precios debo reconocer que son altos, variando desde los 6.50€ del gofre clásico de azúcar glaseado hasta los 15€ del gofre Max. El café o chocolate algo más caro que el resto de la ciudad, la historia se paga. Sin embargo, no puedes abandonar Gante sin probar el invento gastronómico más conocido de la ciudad.

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Para finalizar, os dejo este vídeo publicitario del 1932, quizá consiga convenceros a probar un gofre lleno de historia y tradición.

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