Matongé. Un pedazo de África en el corazón de Europa

Tan solo a unos quinientos metros del centro de Bruselas y cerca de las instituciones Europeas, me sorprende el colorido y bullicioso barrio de Matongé, en la confluencia de Chaussée d’Ixelles, Wavre y Rue de la Paix, muy próximo al metro Port de Namur.

Este barrio tiene su origen en la “Maison Africaine”, residencia de estudiantes Congoleños que venían a Bélgica a finales de los años cincuenta. Matongé proviene del barrio de idéntico nombre de la capital de la República Democrática del Congo, Kinshasa. Aquí, en mitad de Bruselas, se superan las fronteras y se crea un diálogo entre los diferentes gustos y culturas. Las galerías del barrio, que van a dar a la Chaussée de Wavre y que comunican además con la Chaussée d’Ixelles son un auténtico pasaje de comercios y salones de peluquería para hombres y mujeres. Los sábados por la mañana, toda la familia convive en este ambiente de ponerse guapos y lucir el peinado más sofisticado. No importa las horas de trenzados y alisados artesanales, hay cabida para todos. Entretanto, se ríe, se habla, se come, se ve la televisión y se cuidan los bebés que duermen plácidamente en los pies de las mamas mientras ellas aguantan pacientemente en el salón de belleza.

Por el día en Matongé, también se puede comer en alguno de los sencillos restaurantes de su calle peatonal, la Rue de la Longue Vie. Las cartas se componen principalmente de pescados acompañados de arroz y banana frita, con su típica cerveza tamaño familiar. Cuando cae la noche, los pequeños bares del barrio acogen actuaciones en directo. El antiguo café de L’Horloge, punto de encuentro para los primeros colonos venidos del Congo se ha convertido hoy con su nuevo nombre L’Horloge Du Sud, en un sitio muy agradable para degustar una buena cena con actuación.

Matongé no es un ghetto, es una realidad y está viva. Más de cuarenta y cinco nacionalidades negro-africanas están presentes. Es un barrio a tener en cuenta, su exotismo te provoca.

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