El mundo mágico de Tomorrowland

Este fin de semana ha concluido la onceava edición de Tomorrowland, el festival más famoso de música electrónica que tiene lugar en la ciudad de Boom, cerca de Amberes. Y Erasmus en Flandes ha estado allí para contarlo.

“Es el festival de música electrónica más importante del mundo”. Es lo que cualquiera puede leer en Google al buscar la palabra Tomorrowland. Yo definiría Tomorrowland cómo el festival donde la música electrónica une al mundo: Jóvenes (y no tan jóvenes) de diferentes países se han dado cita durante dos fines de semana consecutivos en una ciudad de cuento de hadas construida para la ocasión.

Escenario principal del Tomorrowland

Lejos de los prejuicios que pueden aparecer al pensar en un festival de música electrónica a gran escala (drogas, multitudes, agobios, etc.) lo que más llamaba la atención de Tomorrowland era el buen ambiente que se respiraba, al que contribuía una organización impecable, que te hacía sentir que todo estaba bajo control.

Dieciséis escenarios con música electrónica de todos los estilos daban cabida a todo tipo de público. Además de las arenas exteriores, podías asistir a conciertos en lugares cubiertos, como una cueva donde escuchar música rave.

La escenografía se imponía a los ritmos electrónicos. En uno de los escenarios, un dragón construido sobre el palco escénico escupía perfume sobre los asistentes. En otro ascendían llamas de fuego con cada canción. Para acabar de sorprender, el escenario principal contaba con distintas construcciones en movimiento en su parte superior.

El mundo mágico de Tomorrowland

Pero sin duda la diversidad fue la gran protagonista del Tomorrowland: las banderas de Israel ondeaban junto a las marroquís, las noruegas o las estadounidenses en un festival donde las más de 350.000 entradas vendidas se agotaron en segundos cuando salieron a la venta. La gente disfrazada se mezclaba con los que iban vestidos de paisanos o cubiertos con la bandera de su país. Lo que todos los asistentes  tenían en común es que llevaban muchas ganas de pasárselo bien, demostrando que la diversión no está reñida con el civismo.

Un Festival cargado de buen ambiente y positividad

En torno a las doce y media de la noche, fuegos artificiales acompañaron la clausura de los últimos conciertos. Algunos se quedarían a dormir en el Dreamville, para continuar con más Tomorrowland al día siguiente. Otros daban por finalizada la experiencia, llevándose a casa el privilegio de haber pasado el día en el Festival de música electrónica más importante del mundo.

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