Bruncheando por Amberes

Los domingos son para descansar, o eso se suele decir. Lo que yo por lo menos si que creo, es que son para disfrutar.

Aunque el diccionario de la real academia no lo recoja como tal, yo os puedo decir que para mi las palabras disfrutar y brunch, son más que sinónimas, si no os lo creéis ¡juzgad las fotos por vosotros mismos!

¿Pero qué es esto del brunch? El brunch es la fusión del desayuno y el almuerzo anglosajón. Ideado para las personas que no madrugan y celebrado, principalmente, los fines de semana.

La iniciativa surgió originariamente como una forma de tomar algo después de la misa de media mañana del domingo, en el famoso barrio del Bronx de Nueva York. Más tarde, se extendió como una forma original y “chic” de recuperar fuerzas, durante las mañanas resacosas y tormentosas de los sábados y domingos, después de la fiesta y las copas nocturnas de la alta sociedad de Nueva York.

El brunch “real”, según los neoyorquinos, debe consistir en huevos a la Benedictine (huevos escalfados, sobre tosta de pan con base de bacon frito y cubiertos de una capita de bechamel, o salsa similar, acompañado de salchichas y para beber: ¡nada menos que un Bloody Mary!

Sin embargo, cuando esta moda importada llega a los países europeos, nosotros mismos la hemos “adaptado” a nuestros gustos, y los alimentos ofrecidos son más similares al desayuno, con un poco más de consistencia quizás. Así, en nuestro genial brunch belga pudimos disfrutar de: variedad de zumos, café, leche, té y chocolate, bollería diversa (con deliciosos croasanes y otras especialidades), bollitos de pan para untar en mantequilla, mermelada, fiambre… ¡Una auténtica delicia!

En Amberes, son numerosos los locales que ofrecen este tipo de eventos, pero nosotros en concreto nos decidimos por “Plein Publik“, una especie de cafetería-invernadero sitado en el patio central de un bloque de edificios, con una exquisita decoración inspirada en la selva. Pero atención, cuidado los que se alarguen en la comilona, porque de noche este maravilloso lugar se convierte en una animada y ruidosa discoteca.

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