Anécdotas y curiosidades de Flandes (I)

¡Hola a todos! Empiezo con este post una serie de entradas en las que hablaré de anécdotas y curiosidades que hayan acaecido en la región de Flandes, peculariedades de la cultura belga, así como expresiones o elementos del acervo popular que tengan su origen en esta región.

– En 1687, un borracho dio la alarma de incendio porque creyó ver fuego en lo alto de la torre de la catedral de San Romualdo, en Malinas. Los vecinos subieron con cubos llenos de agua los más de 500 escalones para descubrir que el reflejo rojizo de la Luna, acompañado por las brumas de aquella noche de finales de enero, había confundido al vecino beodo. El alcalde trató de encubrir el hecho, pero desde entonces, en toda Bélgica se conoce a los malineses como maneblussers, es decir, los apagalunas. ¡Vaya cachondeo! Muy típico que la afición del equipo rival de uno de los clubes de fútbol de Malinas incluya esto en sus cánticos durante un partido.

– A los niños belgas u holandeses que no se portan bien, no se comen las espinacas o tardan en irse a dormir, todavía se les dice “que viene el Duque de Alba“. Este hombre del saco o coco, fue un general español del siglo XVI que reprimió de manera poco cordial y afectuosa la primera insurrección de las Diecisiete Provincias (Países Bajos y Bélgica) mientras ostentó el cargo de gobernador de la zona. No tantos belgas saben en realidad esto último. ¡Más bien piensan en una especie de monstruo mitológico!

– Así como en España el mejor momento para salir de fiesta es el fin de semana (aparte de los jueves universitarios), no pasa lo mismo en Bélgica. Ciudades como Gante o Lovaina pierden varias decenas de miles de jóvenes al final de la semana, dado que éstos se van a sus respectivos pueblos y la mayoría viven fuera de la ciudad. Los estudiantes belgas aman volver con los Tupperwares llenos y con la ropa lavada de casa sus familias.

– Los flamencos son unos fueras de serie para los idiomas. Lo normal en cualquier ciudadano de a pie es hablar neerlandés, conocer uno de sus dialectos flamencos, tener un inglés envidiable, saber francés también y conocer el alemán. Esto se debe a que el neerlandés, hablando muy en general, es un cruce entre el inglés y el alemán, lo que lo deja próximos a los dos idiomas. Se venden libros en inglés tanto como en neerlandés y las películas se ven sin doblar (se subtitulan). No es raro que estudien alemán, sobre todo en el este en Limburgo, provincia flamenca más próxima a la frontera con Alemania. El francés lo estudian en la escuela desde niños y es además lengua cooficial de Bélgica. El 80 % de los flamencos domina el francés, frente al 30 % de los valones (provincias francófonas del sur) que dominan el neerlandés. ¡Oh! ¡Sin olvidar lo de moda que está estudiar español!

Nota: les encanta mostrar sus capacidades en otros idiomas y no pierden la ocasión de practicar con un extranjero.

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