Historia de una maleta recuperada

Publicado en el blog de Lovaina por

¡Hola de nuevo!

He estado algunos días ausente del blog debido a que he estado sin ordenador y cámara de fotos desde el miércoles, día en el que regresé a Lovaina desde Madrid, donde tuve que ir a hacer un examen. Incauto de mí, deslicé el ordenador y la cámara en la maleta que facturé en el aeropuerto de Barajas. Nada más llegar al aeropuerto de Bruselas un señor nos comunicó a todos los pasajeros que el personal de equipajes del aeropuerto de Zaventem estaba en huelga y que, por lo tanto, no podríamos recibir nuestras maletas hasta que terminara dicha huelga. Muchos pasajeros sabían de antemano lo que ocurría y no facturaron maleta pero a algunos como yo esta situación nos pilló totalmente por sorpresa (¡es increíble que el personal de tierra de Iberia no avise de estas contingencias en el momento de realizar la facturación!) y he pasado algunos días tratando de recuperar la maleta en vano… hasta hoy.

Tras muchas llamadas y e-mails mandados a Iberia, Swissport (compañía encargada de la gestión de equipajes) y al Aeropuerto de Bruselas y no recibir información clara sobre el paradero de la maleta o directamente no recibir respuesta de ningún tipo, ayer no me quedó más remedio que ir al aeropuerto a ver si la podía conseguir “presencialmente”. Tras recorrer filas y filas de maletas no encontré la mía. Resulta que una hora antes de que yo apareciera por el aeropuerto se la había llevado una empresa de entregas a domicilio que me enviaría la maleta… ¡de vuelta a Madrid! Tras muchas llamadas infructuosas he conseguido localizar a la empresa encargada del envío y “abortar” la operación. Me han ofrecido traerme la maleta a mi dirección de Lovaina pero me llegaría -como pronto- el miércoles. Bastante cabreado por la lentitud del proceso y poco dispuesto a dar lugar a más acontecimientos que aumentasen la cadena de despropósitos, no me ha quedado más remedio que acudir al lugar en el que estaba custodiada la maleta: una especie de polígono industrial en los alrededores de Bruselas al que me ha costado sudor, sangre y también alguna lágrima llegar. Pero el viaje ha tenido premio: mi díscola maleta estaba amontonada junto a centenares de otras maletas víctimas de la huelga en un pabellón enorme del polígono. Al abrirla estaban milagrosamente intactas todas mis pertenencias. ¡Menos mal!

¿La moraleja? Cuando podáis evitar facturar el equipaje, ¡evitadlo! Y cuando no os quede más remedio que facturar meted el menor número de objetos valiosos posibles. 

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